Sali a la calle por la puerta del garage que da al exterior. Allí estaba Juan mirandome con cara sonriente. Seguramente estaria pensando en que bien que me hubiera dado prisa.
«Vamos a ir a un sitio que te va a gustar»dijo Juan.
«Mas te vale por que sino te pincho las ruedas»le dije mirandole seriamente a los ojos.
Nos miramos y a los pocos segundos nos hechamos a reir. «No serias capaz. Anda, monta»
Pedaleamos durante largo rato en direccion a la montaña a la que estabamos acostumbrados a ir. Paramos al lado de una fuente natural y aprovechamos para llenar nuestras cantimploras. Al poco tiempo volvimos a motar y continuamos nuestro camino
En cierto punto Juan, el cual iba delante curvo por una vereda la cual conducia a una cuesta muy empinada. Bajamos de las bicis y ese trecho lo hicimos andando. Los arboles crecian altos y daban bastante sombra, lo cual se agradecia a esas alturas del año.
Llegamos a la «cima» de la cuesta y volvimos a montar.