Mañanas

Todo comienza una mañana de verano normal. Me desperte inusualmente pronto, sin ganas de salir a ningun lado. La alarma habia sonado sin razon aparente a las 7:50. Era miercoles si no recuerdo mal y para mi este dia es el peor de la semana aunque no haya clase.

Me levante de la cama y fui a la cocina. Todos dormian todavia, dado que a las 8 de la mañana en verano la gente normal duerme. Cogi un vaso y lo llene de leche. Verti dos cucharas de coca lao (no me patrocinan así que no dire su nombre 😉 ), lo removi fuerza y me lo lleve a la boca mientras miraba el relog de la cocina y maldecia a la alarma del movil.

Tras teminarme el vaso lo meti en el lavaplatos y me fui a lavarme los dientes.

Me sente en el sofa y encendi la tele. No prestaba mucha atencion a la tele puesto que no habia nada chulo.

En cierto momento sono el teléfono.

Bicicletas

Conteste al telefono casi de inmediato, con miedo de que el ring despertara a todos.

Pregunte quien era y una voz de un chico me contesto con un «estoy en tu portal. Coge la bici y sal».

Sabia perfectamente quien era. Se trataba de Juan, uno de mis mejores amigos. Estuvimos juntos hasta primaria, pero despues de 6º yo me tuve que cambiar. Aun así seguimos estando en contacto.

«Son las 8 y media. Lo que menos me apetece es coger la bici ahora» proteste yo en voz baja para evitar despertar a todos

«Te jodes tio. En 10 minutos abajo»

Aceite para coches

Me vesti tan rapido como pude, abri la puerta de la casa y sali. Me monté en el ascensor. Es un ascensor rojo lleno de rallajos en los que se puede leer cosas como «Irene x Ismael». Pulse el boton de -1 y espere. En el momento en que se abrieron las puertas del ascensor un familiar olor a aceita de coche me inundo.

Abri la puerta que separan el pasillo comunitario de el garage de la comunidad.

A continuacion ande por un periodo de 2 minutos hasta llegar a la puerta de mi trastero. La abri y presione el interruptor de la luz. La pequeña bombilla del techo se ilumino permitiendome ver la gran cantidad de cosas que mi padre había ido acumulando durante años, denominadas por el como recuerdos.

Entre en la puequeña habitación y me hice paso hasta las bicicletas que se hallaban colgadas de la pared.

Le quite el seguro a una de ellas y la baje de la «percha». Cogi el inflador y revise las ruedas. Despues salí por la puerta, apage la luz y me fui.

Árboles

Sali a la calle por la puerta del garage que da al exterior. Allí estaba Juan mirandome con cara sonriente. Seguramente estaria pensando en que bien que me hubiera dado prisa.

«Vamos a ir a un sitio que te va a gustar»dijo Juan.

«Mas te vale por que sino te pincho las ruedas»le dije mirandole seriamente a los ojos.

Nos miramos y a los pocos segundos nos hechamos a reir. «No serias capaz. Anda, monta»

Pedaleamos durante largo rato en direccion a la montaña a la que estabamos acostumbrados a ir. Paramos al lado de una fuente natural y aprovechamos para llenar nuestras cantimploras. Al poco tiempo volvimos a motar y continuamos nuestro camino

En cierto punto Juan, el cual iba delante curvo por una vereda la cual conducia a una cuesta muy empinada. Bajamos de las bicis y ese trecho lo hicimos andando. Los arboles crecian altos y daban bastante sombra, lo cual se agradecia a esas alturas del año.

Llegamos a la «cima» de la cuesta y volvimos a montar.

Peces y ranas

Seguimos pedaleando durante un rato. Un pequeño arroyo quedaba a nuestra izquierda en todo momento. El camino se habia torcido mas pedregoso y costaba un poco mas montar.

Al rato de estar pedaleando escuche el gorgoteo del agua. El sonido iba aumentando conforme avanzabamos y por fin aparecio. Una hermosa poza de agua cristalina. Los peces nadaban en ella despreocupados y pequeñas ranas croaban a su alrededor.

«Una pena que no me haya traido bañador» suspire

«Tranquilo» dijo Juan «He traido uno para cada uno»

Saco de su mochila un bañador rojo y otro de estampados tropicales. Me dio a escoger y elegi el de estampados tropicales. Nos camiamos y nos fuimos directos al agua.

La guarida

El agua estaba estupenda. Nos tiramos un largo rato bañandonos y despues decidimos hacer mortales desde un pequeño risco que tenia la altura apropiada.

Tras bañarnos Juan partio un bocata que se había traido en dos y lo difrutamos mientra nos secabamos al sol.

«Ciertamente a valido la pena» dije yo.

«Ya te los dige yo, pero quiero que me hagas un favor. No le cuentes a nadie de este sitio. El que este así de bien es por que muy poca gente lo conoce. En cuanto se sepa que un oasis así existe la gente empezara a venir y esto se deteriorara. Así que esto deve permanecer en secreto»

Desde entonces ese es nuestro pequeño paraiso escondido del que nadie sabe nada y esperamos que siga así por muchos años.

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