Seguimos pedaleando durante un rato. Un pequeño arroyo quedaba a nuestra izquierda en todo momento. El camino se habia torcido mas pedregoso y costaba un poco mas montar.
Al rato de estar pedaleando escuche el gorgoteo del agua. El sonido iba aumentando conforme avanzabamos y por fin aparecio. Una hermosa poza de agua cristalina. Los peces nadaban en ella despreocupados y pequeñas ranas croaban a su alrededor.
«Una pena que no me haya traido bañador» suspire
«Tranquilo» dijo Juan «He traido uno para cada uno»
Saco de su mochila un bañador rojo y otro de estampados tropicales. Me dio a escoger y elegi el de estampados tropicales. Nos camiamos y nos fuimos directos al agua.