El agua estaba estupenda. Nos tiramos un largo rato bañandonos y despues decidimos hacer mortales desde un pequeño risco que tenia la altura apropiada.
Tras bañarnos Juan partio un bocata que se había traido en dos y lo difrutamos mientra nos secabamos al sol.
«Ciertamente a valido la pena» dije yo.
«Ya te los dige yo, pero quiero que me hagas un favor. No le cuentes a nadie de este sitio. El que este así de bien es por que muy poca gente lo conoce. En cuanto se sepa que un oasis así existe la gente empezara a venir y esto se deteriorara. Así que esto deve permanecer en secreto»
Desde entonces ese es nuestro pequeño paraiso escondido del que nadie sabe nada y esperamos que siga así por muchos años.